De la experiencia de Kalinga surgió un nuevo Ashoka, un soberano que, verdaderamente contrito, deseaba purificar su alma ante la desolación que había provocado con una sola orden suya. Así lo expresó en uno de sus edictos grabados sobre piedra: «El amado de los dioses sintió remordimientos por la conquista de Kalinga, porque cuando es conquistado un país por primera vez las matanzas, la muerte y la deportación